Revista entre médicos
Para empezar esta historia, permítanme ustedes una pequeña anécdota personal. En 1942 el viejo Adlon fue el primer gran hotel donde entró -no como cliente, tan sólo como visitante- un servidor de ustedes. Por mi edad entonces, no lo puedo recordar. Mi madre sí. En aquel verano, en plena guerra mundial, mi padre prestaba sus servicios como funcionario en la Embajada de España en Berlín. Fue mi primer viaje y mi primer gran hotel.
En diciembre de 2006 publiqué en Andalucía Única un artículo dentro de esta serie dedicado a uno de los grandes hoteles parisinos: Le Bristol. En él contaba que el fundador de esa gran casa del Faubourg de St. Honoré, Hyppolite Jammet, había trabajado en sus años jóvenes en la recepción del Adlon en Berlín, considerado en aquellos años finales de “la belle époque” como el rey de los grandes hoteles del Imperio Alemán y uno de los grandes de Europa. Jammet, un eficiente secretario de recepción en el gran hotel berlinés, soñaba crear un día su propio hotel, donde pondría en práctica, con un toque parisino, lo mucho que estaba aprendiendo en aquella casa que llevaba el apellido de su creador: Lorenz Adlon.
El trabajo del joven Jammet en el hotel berlinés quedó interrumpido por el estallido de la Primera Guerra Mundial y su regreso inmediato a Francia para incorporarse a filas. En las trincheras de Verdun, el joven hotelero francés se preguntaría si alguno de sus antiguos compañeros y clientes alemanes estarían apostados al otro lado de las alambradas.
En la historia de los grandes hoteles de Europa, muchos de ellos centenarios, se han producido casos como el de Hyppolite Jammet y Le Bristol y su relación con el Adlon. Un creador genial que se inspira en las experiencias y la obra de un genio de una generación anterior, a las que da una forma muy diferente pero con sólidas raíces compartidas.
En 1907 abre sus puertas el Hotel Adlon. Fruto del talento del fundador y de dos prestigiosos arquitectos: Gause y Leibniz. Con la asombrosa relación de 140 cuartos de baño para 400 huéspedes. En la Pariser Platz, a sólo unos metros de la Puerta de Brandenburgo, en lo que entonces era el número 1 (ahora es el 77) de la calle más elegante de Berlín: la Unter den Linden. En el lugar donde antes se levantaba el Palacio Redern, diseñado por el arquitecto favorito de la Alemania guillermina: Karl Friedrich Schinkel. Rodeado por las embajadas de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos, muy cerca del edificio del Reichstag, el hotel nace con una clara vocación institucional y sin la menor duda sobre cual era su posición en la capital de Alemania, gozando desde su apertura del claro favor del Emperador Guillermo II, del Kronprinz y de toda la familia imperial. ¿Quién era el creador del que ya era evidente sería uno de los grandes hoteles de Europa y cuyo nombre llevaría, con tanta dignidad como justificado orgullo? Lorenz Adlon, un prestigioso empresario, que tuvo comienzos tan modestos como duros. Hijo de un zapatero de la ciudad renana de Mainz, logró auparse sólidamente en el mundo de los negocios a través de sus adquisiciones de hoteles y restaurantes en Berlín, donde se había instalado en 1880. Su compra y su gestión del Hotel Continental, auguraban una clara línea ascendente en la trayectoria empresarial de Adlon, apoyada en una hábil política de reinversiones de los beneficios obtenidos en sus hoteles y restaurantes. Entre ellos el restaurante Hiller, exclusivo y volcado en la alta cocina francesa y el Adlon und Dressel, inaugurado para la Exposición Internacional de Berlín en 1896. Negocios que proyectaron su imagen de hostelero, respaldada por una fuerte posición como uno de los más potentes bodegueros de Alemania.
La primacía del Adlon en Berlín fue siempre indiscutible. Como los otros grandes hoteles de las capitales europeas de la época, el Adlon no tenía rivales. Ningún personaje de alto rango aceptaría otra alternativa para alojarse en Berlín.
Después de las contrariedades de la Primera Guerra Mundial, el hotel va recobrando su pulso, bajo la batuta desde 1921 del hijo del patriarca, Louis Lorenz. La guía Baedeker de 1927 confirma que el hotel ofrecía el mejor alojamiento, los mejores restaurantes y el más elegante “Tanztee” de las tardes de la ciudad. En 1931 Louis Lorenz adquiere las acciones del hotel en poder de otros miembros de la familia.
En aquellos años entre las dos guerras mundiales el hotel se convierte en el escenario de importantes acontecimientos políticos y sociales. Pero todo cambiaría con la llegada al poder del régimen nacional-socialista. Ésta no dejó indiferente ni a la Dirección ni a los profesionales del Adlon. Continuaron haciendo funcionar el hotel, en tiempos muy complicados, como un mecanismo de alta precisión, metido de lleno en una navegación cada vez más turbulenta.
La presencia del cuerpo diplomático acreditado en la capital de la Alemania del Tercer Reich le granjeó al hotel el nombre de “la pequeña Suiza”. Sin duda por su ambiente civilizado, poco receptivo a las estridencias del nazismo. Especialmente significativo en los duros años finales de la Segunda Guerra Mundial era el hecho de que, a pesar del racionamiento, siempre se podía conseguir en los restaurantes del Adlon una comida aceptable, dignamente servida y generalmente acompañada por buenos vinos.
La vecindad del Palacio Arnim, residencia de Albert Speer, el ministro favorito de Hitler, se convirtió en una ventaja muy importante para los clientes y el personal del Adlon. Cuando sonaban las alarmas antiaéreas por los ataques de los bombarderos aliados, todos se podían refugiar en el búnker construido debajo de la residencia del ministro.
Fue un milagro que el Adlon se librara de la destrucción masiva del centro de Berlín. En los últimos meses del Tercer Reich, con la Batalla de Berlín en su apogeo y con los soldados del Ejército Rojo en las afueras de la ciudad, el hotel fue convertido en un hospital de campaña. Pero el 2 de Mayo de 1945, tan sólo unos días después del fin de las hostilidades, un incendio destruyó la casi totalidad del edificio del orgulloso Adlon. Según parece, por la imprudencia de unos soldados soviéticos que se encontraban en la bodega del hotel, en plena euforia por el final de la guerra y la desaparición del régimen nazi. Unos días más tarde Louis Lorenz fallecía en unas circunstancias trágicas, nunca aclaradas en su totalidad. La división de la capital alemana en cuatro zonas de ocupación dejó a la Pariser Platz y al Unter den Linden en la zona soviética y posteriormente dentro del ámbito territorial de la República Democrática Alemana (la DDR), con el Muro de Berlín a unos escasos metros del Adlon. Hasta los años setenta todavía funcionaba como hotel el ala del edificio que se libró del incendio de 1945. Finalmente lo que quedaba del antiguo Adlon cerró sus puertas como hotel, convirtiéndose en una residencia de aprendices del sistema de formación profesional de la DDR. En 1984 los últimos vestigios del viejo Adlon fueron demolidos por las autoridades para dejar paso a los trabajos de remodelación de la Pariser Platz.
Después de la caída del Muro y la desaparición de la República Democrática Alemana, el Gobierno de una nueva Alemania reunificada dio la luz verde a la construcción de un nuevo Hotel Adlon en su antiguo emplazamiento. La gestión del proyecto se encomendó a la prestigiosa cadena hotelera Kempinski. Cuarenta años antes Hedda Adlon, la viuda de Louis, les había vendido sus entonces hipotéticos derechos sobre el hotel de la familia, situado al otro lado del Telón de Acero. Los nuevos propietarios, un consorcio de empresas de Colonia, decidieron encomendar el complejo proyecto del hotel (al final éste tendría el doble del volumen del antiguo Adlon) a la firma de arquitectos Patzschke und Klotz. Estos diseñaron una fachada neoclásica, no muy alejada de los cánones arquitectónicos y ornamentales del primer Adlon. El 23 de Agosto de 1997 el nuevo Adlon fue inaugurado por Roman Herzog, el Presidente de la República Federal de Alemania. Un gran hotel, lógicamente dentro de su tiempo e incorporando las tecnologías más avanzadas, con un servicio y unas instalaciones dignas de una gran historia.
Diversas ampliaciones para poder atender una intensa y creciente demanda permite que el nuevo Hotel Adlon ofrezca en la actualidad 382 habitaciones, de las cuales 78 son suites de alto standing. Una de ellas, la President, puede ser alquilada por 12.500 euros por noche. Sus restaurantes ofrecen todas las posibilidades dentro del arte culinario. Desde la opulencia y la perfección gastronómica del que lleva el nombre del Fundador, Lorenz Adlon, galardonado por la guía Michelin, hasta sus excelentes restaurantes especializados en cocina asiática o el sofisticado Gabriele, dedicado a la cocina italiana, sustitutos del simpático Adlon Stube, para los aficionados a la cocina tradicional alemana. Sin olvidar a un favorito de los asiduos del hotel, el Quarré, con su terraza de verano con vistas a la Puerta de Brandenburgo. En mi última visita a Berlín, hace un par de años, quise tomarme un café en el Lobby Lounge donde tiene lugar el rito de ver y ser visto en el nuevo Adlon. Una empleada intentaba controlar a los visitantes y curiosos que querían entrar en el hotel. Me preguntó si estaba alojado en la casa. Le contesté que tenía una cita pendiente. Desde 1942.
| Páginas 1 |