Revista entre médicos

Tengo un amigo en España que se ha dedicado a la medicina, al cual tuve la suerte de conocer nada más llegar al país. Yo también me dedico esta profesión desde hace varios años, y gracias a él pude entrar a trabajar en su hospital, lugar en el que continúo desde hace diez años ejerciendo esta profesión maravillosa y que tantas satisfacciones proporciona al que la desempeña. Si olvidar el prestigio social y los altos ingresos económicos que puede uno conseguir gracias a ella.
Estuve los primeros años viviendo en Madrid, y mientras homologaba mi título profesional, trabajé en el gremio de la hostelería. Gracias a otro amigo argentino, logré conseguir un puesto de camarero y luego de cocinero en su establecimiento, y así logré sobrevivir hasta que pude dedicarme nuevamente a lo mío. También es cierto que a veces a ha sido duro, he tenido que dormir en el suelo en un saco de dormir durante las guardias en algún centro de trabajo, he soportado los comentarios de los amigos de mi hijo al ver mi coche y compararlo con el de su padre o su madre ( albañiles y escayolistas, algún carpintero o antenista). No se creyeron hasta muchos años de conocerme que yo era médico, dada la alta gama de sus vehículos y la baja del mío, por supuesto. Ni qué decir de sus viviendas comparadas con la mía. Demás está decir que tengo el máximo respeto por estos profesionales especialistas en su ramo y baste como ejemplo lo difícil de narices que está conseguir hora para obtener sus servicios.
La verdad sea dicha, después de aproximadamente diez años trabajando en su hospital, conseguí ganar más dinero que el que me pagaban en la cafetería. Diez años durante los cuales he estado a cargo de las urgencias, la planta y la unidad de cuidados críticos del sitio durante gran parte de las horas de mis guardias.
Además tuve la suerte de trabajar en otros centros de prestigio en la zona, y se me concedió la oportunidad de trabajar en la calle con varias compañías médicas, visitando pacientes en sus casas a
todas horas. Incluso tomé la valiente decisión de abrir una consulta privada con varios compañeros de profesión de renombrado prestigio en sus países de origen. Con esto comencé a percibir mejores ingresos, y después de quince años viviendo en este maravilloso país, ya puedo decir que tengo los ingresos de un albañil, quizás en este último año incluso un poco mejores aún. Tengo que decir que ha contribuido a esto el hecho de que hablo perfectamente tres idiomas, y me defiendo en el trabajo en tres más.
Recuerdo cuando comencé mis estudios en la universidad, me matriculé en la carrera de derecho, pero rápidamente me cambié a medicina por motivos obvios. Yo no buscaba hacerme rico con el
trabajo, y además pensaba solamente defender a inocentes. A los culpables que los defendieran los abogados sin escrúpulos. Entonces fue cuando intervino mi padre para sacarme de mi error.
Sus palabras exactas creo recordar que fueron algo más a menos como: “ tú lo que eres es un gilipollas ”, o algo así. Sabias palabras que me convencieron de invertir definitivamente todas mis energías e ilusiones en la medicina.
Volviendo a mi amigo, el español, resulta que me encontré el otro día con él en la calle. Hacía tres años que no le veía, concretamente desde que había dejado la dirección de mi hospital. Me comentó que la vida le trataba muy bien, que continuaba dedicado a lo mismo, pero sin ninguna presión ni estrés. Algo normal a su edad, considerando su dilatada trayectoria y la fortuna amasada durante tantos años siendo cirujano. Sus hijos han crecido y se toma la vida con más calma. Yo por mi parte le conté de mis cosas, mis inquietudes y dudas. Debo decir que me tranquilizó bastante escuchar sus consejos y lo que me disuadió de volver a trabajar en la hostelería, ( por lo visto un muy buen amigo de él tiene una cadena de cafeterías, y tendría yo enchufe a la hora de tentar la suerte).
Me comentó mi amigo que tiene contactos a alto nivel en el ministerio de sanidad, y por ahí la cosa podría tomar mejor color.
Me aseguró que con suerte podría conseguir después de algunos años a unos ingresos similares los de un escayolista o carpintero.
He visto una luz al final del túnel, y pienso quedar con mi querido amigo, que por si no lo he mencionado antes, es un caballero, de los que quedan pocos hoy en día en el gremio médico.
El doctor Gallegos es licenciado en medicina desde el año 1985 y, aparte de desempeñarse en su campo según se desprende de lo leído, toca la guitarra, tiene conocimientos de hostelería, venta puerta a puerta, pintura de rulo, es cinturón negro de yudo y ex campeón de natación, gimnasia olímpica, atletismo, distribución de publicidad domiciliaria en Madrid y se ha formado en otro país como anestesista, pero puede que no todo esto pueda ser homologable en España por razones suyas personales biográficas.
Ejerce en la unidad de urgencias y cuidados críticos del Hospital USP de Marbella desde hace diez años, y en España desde el año 1.991.